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Sin azúcar no hay país, ¿y entonces?

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Sin azúcar no hay país, ¿y entonces?

Mayo 14, 2021 - 07:22
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Acaba de producirse la peor zafra de la industria azucarera en toda la historia de Cuba.

No por esperado deja de ser sorpresa. El descalabro de la producción de azúcar en la recién concluida zafra, además de ser el mayor descalabro sufrido por esa industria en la historia de Cuba, constituye una prueba definitiva de la incapacidad del modelo totalitario implantado después de 1959.

De las 1,2 millones de toneladas planificadas la zafra 2020-2021 —después de seis meses de molienda— no pudo rebasar la cifra de 816.000 toneladas; una cantidad casi similar a las 807.000 producidas en 1891.

No se trata de una caída provocada por factores coyunturales —embargo estadounidense, combustible, roturas, humedad del suelo o Covid-19—, sino de un declive sostenido durante décadas, cuya primer señal la emitió la monumental campaña voluntarista para producir diez millones de toneladas en 1970. La consigna pomposa de "Ni una libra menos" terminó con un millón y medio de toneladas menos, y con la economía y la sociedad dislocadas. Y, a pesar de que las metas se redujeron año tras año, lo planificado nunca se cumplió. En el año 2001 el volumen de azúcar producido se redujo a 3,5 millones de toneladas, una cantidad que ya se producía en Cuba en 1918.

La respuesta del Gobierno, imbuida en la cultura militar, designó en 2001 a un general de división al frente del ramo, quien puso en marcha una operación conocida como "Nueva arquitectura del azúcar", integrada por dos frentes: "Reestructuración de la industria azucarera" y "Tarea Álvaro Reynoso", con el objetivo de alcanzar seis millones de toneladas de azúcar, que era la cifra que se producía en los años 50 del pasado siglo.

Una vez puesta en marcha la operación, con el argumento de la baja de los precios en el mercado internacional, haciendo uso de ese otro enemigo de la economía que es el voluntarismo, el Gobierno decidió cerrar 71 de los 156 ingenios existentes y redistribuir el 60% de las tierras cañeras para otros cultivos. Lo que trastornó aún más la deprimida economía.

La zafra de 2003 produjo 2,1 millones de toneladas, lo que puso al Gobierno ante la disyuntiva de importar azúcar para el consumo interno o incumplir los compromisos exteriores. La zafra de 2005 descendió hasta 1,3 millones de toneladas: la menor de los últimos cien años.

El resultado demostró la diferencia entre la dirección de tropas, donde las voluntades individuales no cuentan, y la labor económica, en la que el interés individual constituye un factor determinante; lo que confirmó aquel pronunciamiento de José Martí, dirigido al general Máximo Gómez: "un pueblo no se funda, general, como se manda un campamento".

En 2008, ante la crisis —calificada por el presidente del Consejo de Estado como asunto de máxima seguridad nacional—, nuevamente se buscó la solución donde no estaba. Se crearon las Delegaciones Municipales de Agricultura para controlar más cerca de la base productiva, ignorando que los controles desde el Estado "papá" a los productores "niños" en medio del desequilibrio entre salario y costo de la vida generan corrupción. Agrónomos, pecuarios y veterinarios fueron convertidos en especialistas integrales, dotados de transporte y combustible para controlar informes y fiscalizar a los productores. El resultado: la zafra de 2010 descendió hasta 1,1 millón de toneladas; inferior al 1.230.000 que se produjo en 1905 durante el Gobierno de Tomás Estrada Palma.

La búsqueda de la solución en cualquier parte menos en la ineficiente propiedad estatal y en la planificación centralizada, condujo a los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, aprobados en el VI Congreso del PCC en 2011, donde se reafirmó esa línea. Para detener el declive e incrementar los derivados de la caña de azúcar, se sustituyó el Ministerio del Azúcar por el grupo AZCUBA; se  anunció que la zafra 2013-2014, planificada para producir 1,8 millones de toneladas sería la mejor de la última década. Para mayor garantía, el entonces segundo secretario del PCC, José Ramón Machado Ventura, recorrió una buena parte de los centrales azucareros apelando a la conciencia. Y, sin embargo, la mejor zafra de la última década volvió a incumplir.

A solo dos meses de iniciada la presente zafra (2020-2021), la noticia oficial de que estaba asegurada la cantidad de azúcar para abastecer la canasta familiar normada correspondiente a los meses de enero y febrero indicaba que algo andaba muy mal. Era la señal de una vez más se incumpliría el plan. No era sorpresa, de los 44-45 centrales que molieron en las últimas zafras, en esta sólo lo hicieron 38, de los cuales 14 comenzaron tarde.

Desde que se creó AZCUBA hace diez años, aún no ha cumplido uno solo de sus planes, y el año anterior fue tan desastroso, que por vez primera no se informó la cantidad de azúcar producida.

Cuba fue la principal productora y exportadora de azúcar del mundo. En 1894 ya producía un millón de toneladas. En 1925 produjo 5,16 millones, y en 1952 estableció el récord de 7,13 millones.

La conversión del mayor complejo azucarero del mundo en uno de los productores menos eficientes es la más irrefutable prueba de la incapacidad del modelo, implantado en Cuba después de 1959. A pesar de ello, el pasado mes de abril el VIII Congreso del PCC determinó que la empresa estatal y el sistema de planificación socialistas seguirían siendo la forma principal para la dirección de la economía nacional.

La industria azucarera, símbolo de la historia y la cultura de la nación cubana desde el siglo XIX, dejó de serlo. Un símbolo que la sabiduría condensó en una frase definitoria de nuestra identidad: "Sin azúcar no hay país". ¿Y entonces, si nos estamos quedando sin azúcar?

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