El fantasma del anexionismo recorre Cuba
El anexionismo es la unión de un país o territorio a otro mediante la fuerza o la decisión de sus habitantes. El país que anexa generalmente lo hace por razones geopolíticas; mientras los anexados buscan mayor desarrollo, libertades u otras aspiraciones imposibles de realizar en su país. En Cuba el anexionismo como corriente política surgió en la primera mitad del siglo XIX por la atracción que ejercía Estados Unidos sobre los hacendados criollos e hispanos, y en el XXI, en el pueblo cubano.
En el siglo XIX las contradicciones entre esclavos africanos y hacendados criollos, y estos últimos con la metrópoli, tomaron cuerpo en los movimientos abolicionistas y reformistas.
La rebeldía de los africanos se manifestó desde su traslado a Cuba. En 1731 se insubordinaron los esclavos de las minas de El Cobre. En 1795, en Bayamo, se produjo el primer alzamiento abolicionista. Le siguieron, entre otros, la conspiración de José Antonio Aponte en 1811, la cual se extendió desde La Habana hasta Santiago de Cuba, y entre 1843 y 1844 la llamada Conspiración de la Escalera en los ingenios matanceros. Los alzamientos tomaron mayor fuerza a partir de la legalización de la trata de esclavos.
Las contradicciones entre los hacendados criollos y las autoridades coloniales comenzaron en la década de 1760 con el intento de Félix de Arrate y Acosta de lograr la equiparación entre criollos y peninsulares. Ese intento, convertido en reformismo político, sufrió un fuerte revés cuando en 1836 Madrid negó su participación en las Cortes españolas.
Debido a la intransigencia metropolitana, a partir de 1845 el anexionismo desplazó al abolicionismo y al reformismo. Cuatro de los factores condicionantes de ese giro fueron: 1) la ocupación por Estados Unidos de los territorios de Texas, California y Nuevo México; 2) la nación norteamericana, en pleno desarrollo, muy superior al de España, hizo de ese país un modelo a imitar; 3) los Estados del sur de Norteamérica mantenían el sistema esclavista, lo cual constituía una garantía para los dueños de esclavos, temerosos de la abolición de la esclavitud sin indemnización; y 4) en esa etapa del expansionismo norteamericano la anexión de Cuba estaba en correspondencia con la doctrina Monroe de diciembre de 1823: “América para los americanos”, opuesta al colonialismo europeo.
En ese contexto surgió el anexionismo cubano. En la Isla se fundó el Club de La Habana; en Nueva York un grupo de camagüeyanos, dirigidos por Gaspar Betancourt Cisneros, “El Lugareño”, divulgaba las ideas anexionistas en el periódico La Verdad; y Narciso López encabezó cuatro expediciones contra la dominación española: en la tercera de ellas (1850) desembarcó y tomó la ciudad de Cárdenas, donde ondeó por vez primera nuestra enseña nacional, y en la cuarta y última (1851) cayó prisionero y fue ejecutado. Esos y otros hechos condicionaron el decaimiento del anexionismo como movimiento político organizado, pero no como aspiración.
Algunas manifestaciones anexionistas de patriotas cubanos
En carta a José Antonio Saco, principal ideólogo del anexionismo de esa época, “El Lugareño” escribió: “En fin, Saco mío, todos buscan en la anexión la garantía, la fianza del gobierno sabio y fuerte de los Estados Unidos contra las pretensiones de Europa, no menos que nosotros mismos, que mal que pese a nuestro amor propio, somos del mismo barro que los que han logrado hacerse independientes, pero no pueblos libres y felices”
Carlos Manuel de Céspedes, el 15 de enero de 1869, escribió: “todos los que tenemos las armas en la mano, y el pueblo en general, estamos convencidos de que se hace necesario pedir la anexión de esta isla a esos importantes Estados”. Esas palabras se convirtieron posteriormente en la comunicación que el 6 de abril de 1869 la Asamblea de Representantes del Centro envió al presidente de Estados Unidos y al senador, general Banks, donde dice: “Cuba desea después de conseguir su libertad figurar entre los Estados de la gran República; así nos atrevemos a asegurarlo, interpretando el sentimiento general”. Los dos escritos fueron firmados por los integrantes de la Asamblea del Centro: Salvador Cisneros Betancourt, Ignacio Agramonte, Antonio Zambrana, Francisco Sánchez Betancourt y Miguel Betancourt.
Cuando un pueblo es violentado por las autoridades que detentan el poder, limitado en sus libertades, conducido a la pobreza extrema y posibilidades de contar con medios propios para salir de esa situación, siendo vecino geográfico de una gran potenciaenemiga del régimen que lo oprime, la anexión se pone a la orden del día. Ese es el caso de Cuba: aunque esa corriente despareció como movimiento, su esencia ha estado presente en patriotas cuyo ideario independentista no estaba reñido con la posibilidad de que Cuba se convirtiera en un Estado de la Unión Americana. Es bueno recordar que un analista tan profundo como José Martí, tenía en consideración a los sectores anexionistas sinceros, a quienes, según él, debía tratarse con el respeto que toda opinión franca merece, porque la sustenta de buena fe más de un cubano sincero”.
En medio de las crecientes contradicciones geopolíticas entre las principales potencias del momento (Estados Unidos, China y Rusia), el mandatario norteamericano, Donald Trump retomó la esencia de la Doctrina Monroe: “América para los americanos”. Sin embargo, esta no necesariamente lleva implícita la idea de la anexión, dado que lograr el propósito de fortalecer la influencia norteamericana en la región no requiere anexarse ningún territorio. Como bien expresara Enrique Patterson, en la actualidad anexar Cuba implicaría incorporar un país destruido, brindar servicios sociales a una población en gran parte sumida en la pobreza, lo que representaría una carga económica que ni el Estado ni los contribuyentes norteamericanos estarían dispuestos a asumir.
Una cosa es el interés de una potencia por anexarse a determinado país y otra los deseos de una parte del pueblo cubano por ser anexado, una tendencia que nunca antes en su historia tuvo tantos adeptos. De más de dos y medio millones de cubanos que residen en el exterior, aproximadamente el 70% viven en Estados Unidos, y una parte de las familias cubanas sobreviven gracias a los parientes que han huido del país; un hecho que impacta en los cubanos con mayor fuerza que toda la propaganda contra el “enemigo” imperialista.
Después de la extracción de Maduro en Venezuela, una de las preguntas que más me hacen amigos, compañeros y familiares es: ¿Cuándo vienen los norteamericanos? Una manifestación clara de esa tendencia tuvo lugar el pasado mes de marzo en Alamar, cuando vecinos de ese reparto, al ver volar dos aviones cubanos en práctica, asumieron que eran los norteamericanos y salieron a las calles a gritar “¡llegaron!” “¡Trump, estamos aquí!”
Por su trascendencia para el futuro de la nación, el renacimiento del anexionismo en el seno del pueblo cubano es un tema que requiere de atención, análisis y debates; una idea que, como nos alertó José Martí, constituye un factor grave y continuo de la política cubana.

