Cuba y Estados Unidos en dos tiempos: 1898 y 2026
En 2026, la mayor de las Antillas enfrenta un escenario muy parecido al de 1898.
El 25 de abril de 1898 EEUU declaró la guerra a España, ocupó Cuba y la administró durante casi cuatro años. 128 años después, en 2026, la mayor de las Antillas enfrenta un escenario muy parecido.
En 1805, en medio de las contradicciones geopolíticas, Tomas Jefferson, presidente de EEUU marcó una línea roja, notificó a Inglaterra que en caso de guerra con España, su país se apoderaría de Cuba por necesidades estratégicas. En 1823 la Doctrina Monroe —"América para los americanos"— consideró a Cuba de trascendental importancia para los intereses comerciales y geopolíticos estadounidenses. A fines de ese siglo, EEUU importaba más del 80% de la producción de azúcar cubana, lo cual permitió imponerle a España el Bill Mc Kinley, un tratado de reciprocidad que estableció la libre entrada de azúcar a Norteamérica: Cuba, colonia de España, pasó a depender económicamente del vecino del Norte.
En marzo de 1897 EEUU exigió a España un armisticio con los independentistas cubanos. En agosto de ese año, demasiado tarde, España otorgó la autonomía a la Isla, pero los motines de los integristas españoles y la intransigencia independentista impidieron al Partido Autonomista implementar su programa de gobierno, lo que condujo a la disolución del Parlamento y la dimisión del Gobierno autonómico.
En abril de 1898, ante la explosión del acorazado "Maine" en la bahía habanera, el Congreso autorizó al presidente William McKinley a intervenir en el conflicto hispano-cubano. El 19 de mayo de 1898 arribó a Santiago de Cuba la escuadra española y el 20 de junio, auxiliado por las fuerzas cubanas, desembarcó el ejército norteamericano. El 3 de julio se libró la batalla naval en Santiago de Cuba, el 14 de julio se formalizó la rendición y el 10 de diciembre se firmó la paz en París: España cedió a EEUU las islas de Cuba y Puerto Rico, Guam y el archipiélago de las Filipinas. Del 1 de enero de 1899 al 20 de mayo de 1902 la enseña norteamericana ondeó en el Castillo del Morro y en la Casa de Gobierno.
Resultado de la guerra: la zafra azucarera cubana, que en 1894 había alcanzado 1.111.000 toneladas, se redujo a 259.000; la mayoría de las fabricas de azúcar y el 85,83% de las fincas, vegas de tabaco y sitios de labor fueron devastados.
Las fuerzas de ocupación repartieron alimentos en las ciudades, dictaron medidas para recuperar la producción, crearon establecimientos para la formación pedagógica y enviaron cubanos para formarse como maestros a EEUU.
Para institucionalizar el país los ocupantes convocaron elecciones generales para conformar una Convención Constituyente encargada de redactar la Constitución y definir cuáles deberían ser las relaciones con EEUU. Cumplimentada esa labor, el Gobierno norteamericano rechazó los criterios de los cubanos acerca de dichas relaciones y entregaron la Enmienda Platt (parte de una ley norteamericana impuesta como apéndice a la Constitución de Cuba) que limitaba su soberanía, con lo cual los delegados cubanos discreparon. Finalmente, en junio de 1901, el secretario de la Guerra de EEUU firmó un informe declarando que, siendo la Enmienda Platt un estatuto acordado por el Poder Legislativo, el Poder Ejecutivo estaba obligado a ejecutarlo como condición para cesar la ocupación".
Votar contra la Enmienda Platt implicaba la ocupación indefinida de la Isla, la imposibilidad de crear la República y declarar la guerra a EEUU en inferioridad absoluta, con el Ejército Libertador desmovilizado, el Partido Revolucionario Cubano disuelto y el agotamiento ocasionado por los años de guerras.
Por esas razones, la Enmienda Platt fue aprobada por simple mayoría. Gracias a ello, el 20 de mayo de 1902, Cuba emergió como República reconocida por el concierto de naciones con Constitución y Gobierno propios, dotada de bandera, himno, escudo, fuerzas militares y representaciones diplomáticas, algo que Guam, Puerto Rico y Filipinas no lograron.
En 1925 se recuperó la soberanía sobre Isla de Pinos, en 1934 se abrogó la Enmienda Platt y en la década de 1950 Cuba se ubicó entre los países de mayor desarrollo en América Latina.
Algunas similitudes entre ambas épocas
La ocupación en 1898 tuvo lugar en un escenario de lucha geopolítica entre las potencias de la época: España, empeñada en conservar sus colonias, y EEUU, necesitado de mercados y fuentes de inversión. La crisis en 2026 se produce en medio de una lucha geoestratégica entre EEUU, Rusia y China, ante la cual la Administración Trump reactivó la Doctrina Monroe.
En 1897 España cedió la autonomía cuando era demasiado tarde. En 2026, después de 67 años de gestiones fallidas, el régimen cubano se niega a introducir reformas estructurales.
En 2026, después de que con la captura de Nicolás Maduro en Venezuela se cortó el flujo de dinero procedente de esa alianza ideológica, las medidas de la Administración norteamericana, con el corte de combustible y el ultimátum a la dictadura cubana, han agudizado la crisis estructural en la que Cuba está inmersa.
Entre 1895 y 1898, a consecuencia de la guerra, la economía cubana quedó destruida en un 90%, el país sumido en la insalubridad, y la educación en estado deplorable. Actualmente, 67 años después del triunfo revolucionario, a causa esencialmente de la dictadura totalitaria devenida mafiosa, la economía cubana está destruida y la población ha sufrido un daño antropológico de consecuencias incalculables para el futuro de la nación; lo cual en 2026, ha colocado a Cuba en una situación similar a la de 1898.
El resultado demuestra que el bienestar y el progreso son irrealizables en ausencia de libertades y derechos. Por ello los cubanos, desarmados de instituciones cívicas y políticas, requieren del auxilio exterior; a la vez que la presencia norteamericana, por las razones expuestas, se presenta como una posibilidad de cambio que podría coadyuvar a la participación efectiva de los cubanos en los destinos de su nación.
Por su significado en el pasado y presente de Cuba, la presencia de EEUU (nos guste o no) es un hecho que demanda de análisis y debates acerca de sus causas, de lo positivo y negativo que pudiera tener. Ello nos lleva a reflexionar sobre nuestras responsabilidades individuales para sacar el mejor provecho de un cambio que resulta inexorable.

