Tomás Romay Chacón: fundador de la ciencia en Cuba

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Tomás Romay Chacón: fundador de la ciencia en Cuba

Septiembre 09, 2019 - 14:48

Se puede ser forjador de la ciencia, de la cultura y de la nacionalidad, con independencia de la filiación política o ideológica; algo que deberían tener en cuenta los que propugnan en Cuba la Universidad exclusivamente para los revolucionarios, pues la historia como la patria es de todos.

Tomás Romay

Tomás Romay Chacón (1764-1849), médico, escritor, poeta, orador, historiador, catedrático, higienista, político, economista y amante de las ciencias jurídicas, fue uno de los protagonistas de los cambios que conectaron a Cuba con las corrientes más avanzadas de su época.

Graduado en Medicina -primera carrera profesional que se estudió en la isla- Romay la consideraba como la ciencia más útil a la humanidad. En 1793 declaró que su contribución al progreso de la patria la haría como médico; promesa que cumplió cabalmente.

En la primera reunión científica de médicos cubanos, celebrada en abril de 1794, Romay presentó su “Disertación sobre la fiebre maligna llamada vulgarmente Vómito Negro, enfermedad epidémica en las Indias Occidentales”. Esta Disertación, junto a la Philosophia Electiva de José Agustín Caballero, inauguró el período científico natural del pensamiento cubano. Mientras su monografía “Efecto del estudio y descripción de la enfermedad”, echó las bases de la bibliografía médica. Por esos resultados fue designado Miembro Correspondiente de la Real Academia de Medicina de Madrid.

En 1798 el médico británico Edward Jenner -considerado el padre de la inmunología- anunció la inoculación preventiva contra la viruela. Aunque los médicos cubanos no conocieron su procedimiento hasta 1802, el 29 de octubre de 1795 Romay había publicado en el Papel Periódico de La Habana un artículo en el que defendía el método idóneo de preservación de las viruelas naturales.

En mayo de 1804 el doctor Francisco Javier Balmis fue enviado por el rey Carlos IV, arribó a La Habana con la misión de inmunizar a los habitantes de la Isla. Al llegar, Balmis encontró que la vacuna había sido propagada por Tomás Romay. Por esa razón Balmis propuso establecer la Junta Central de Vacuna para conservar y propagar el fluido vacuno, al frente de la Junta se designó a Romay.

Ante la campaña difamatoria desatada por los enemigos de la inoculación contra la viruela, Romay solicitó que el Real Tribunal del Protomedicato y algunos otros facultativos presenciaran la vacunación que llevaría a efecto en niños, en los que incluyó a sus hijos. El resultado, exitoso, se publicó por Orden del Gobernador.

En 1834 se inauguró oficialmente la clase Clínica Médica, de la que Romay fue su primer catedrático. Su tesis consistía en que había que aprender la Medicina junto a la cama del enfermo. Así introdujo los estudios de la Anatomía sobre el cadáver y los de Clínica en las salas de los hospitales, llevó a los alumnos a las cabeceras de los enfermos para su tratamiento y a la morgue para la práctica de autopsias. Desde ese momento en Cuba comenzó la enseñanza regular y metódica de la Clínica en los hospitales.

Antes de ser médico, en su condición de catedrático de Texto Aristotélico, Romay formaba parte de los que enseñaban y propagaban la Escolástica. Su reclamo de investigar la naturaleza lo condujo a la crítica contra esa forma de pensamiento. Enseñó a los médicos a pensar científicamente, contribuyó a sentar las bases para un sistema de enseñanza moderno y ayudó al fomento de un movimiento científico-natural.

Romay fue el único profesor de la Real y Pontificia Universidad de La Habana que ocupó el decanato de dos facultades, la de Filosofía y la de Medicina. Realizó contribuciones en la apicultura y en el movimiento literario. Romay, al igual que José Agustín Caballero, defendió la instrucción primaria gratuita y la implantación de nuevos métodos de enseñanza, combatió el enterramiento de cadáveres dentro de las iglesias.

Por sus contribuciones al estudio de la Fiebre Amarilla, por sus actividades de prevención de enfermedades, por introducir los métodos científicos en la práctica docente médica y porque el Padre Félix Varela se apoyó en sus aportes científicos, a Tomás Romay se le considera el primer gran higienista cubano y uno de los forjadores de la cultura nacional.

Un dato histórico que conserva su actualidad fue la respuesta que Gutiérrez Piñeres -representante de los comerciantes españoles- denunció a Romay como enemigo de la Constitución. Aunque en el proceso judicial Piñeres fue condenado, los piñeristas realizaron un acto de repudio frente a la casa de Romay. Resultado del choque emocional que le ocasionó a su esposa, que estaba enferma, falleció.

El 20 de mayo de 1820, en el Diario del Gobierno Constitucional de La Habana, se proclamó monárquico constitucional y enemigo intransigente del liberalismo revolucionario y de la independencia de las colonias americanas. Su posición demuestra de forma irrefutable que se puede ser forjador de la ciencia, de la cultura y de la nacionalidad, con independencia de la filiación política o ideológica; algo que deberían tener en cuenta los que propugnan en Cuba la Universidad exclusivamente para los revolucionarios, pues la historia como la patria es de todos, no sólo de los revolucionarios.

 

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