Nacionalismo y nación

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Nacionalismo y nación

En Cuba el nacionalismo debutó en la segunda mitad del siglo XIX en los movimientos políticos, en símbolos como la virgen de la Caridad del Cobre, la bandera, el himno de Bayamo y en manifestacione como la música, el baile y la pelota. La nacion cubana continúa inconclusa

 

Los conceptos nacionalismo y nación surgieron al calor de las revoluciones burguesas de Europa y del proceso independentista en las colonias americanas.

Nacionalismo

El de “nacionalismo” designa, tanto al sentimiento devenido conciencia que diferencia a una comunidad humana de otra, como a la teoría política que reivindica ese sentimiento. Sus raíces están en la frontera de los siglos XVIII y XIX en la obra de los primeros intelectuales criollos, exponentes de la patria chica, es decir, de las villas originarias, cuando todavía una gran parte de los habitantes no hablaba la lengua española.

En Cuba el nacionalismo político debutó en la segunda mitad del siglo XIX en los movimientos separatistas, reformistas e independentistas; en símbolos como la virgen de la Caridad del Cobre, la bandera, el himno de Bayamo y en manifestaciones como la música, el baile y la pelota: Manifestaciones que corroboran la tesis de Ernest Gellner[1], de que el nacionalismo engendra las naciones, y no al revés.

Las contradanzas de Manuel Saumell, las danzas de Ignacio Cervantes y el danzón de Miguel Faílde provocaron un salto cualitativo en la historia musical y el baile. De ellos emergió, antes de que Cuba fuera independiente, una música y un baile que disfrutaron cubanos de diferentes orígenes étnicos y clases sociales que desempeñaron un significativo papel en la conformación de la conciencia nacionalista.

La generalización de la pelota en toda la Isla la transformó en pasión. La participación de peloteros en las guerras de independencia, las victorias en campeonatos internacionales y frente a equipos norteamericanos de Grandes Ligas la incorporaron a la mitología hasta devenir deporte nacional, desempeñando, junto a la música y otras manifestaciones culturales, un papel activo en la democratización y en la integración racial étnica y cultural que trillaron el camino del nacionalismo a la nación.

Nación

El concepto “nación” designa una comunidad, que surgida de un proceso histórico, en un territorio determinado, con una lengua y una vida económica común, sus habitantes se van identificando hasta confluir en una cultura y psicología de conciencia, origen, pertenencia, identidad y destino comunes.

En Cuba ese proceso comenzó, esencialmente, entre españoles y africanos, se impuso la lengua española. De tal forma territorio y lengua quedaron definidos por la geografía y el dominio de España; dos componentes necesarios, pero no suficientes para hablar de nación. Las dificultad se presentó con el tercer requisito; la “vida económica”.

Los oriundos de África, traídos sin posibilidad de retorno, devinieron criollos antes que los peninsulares, quienes inicialmente arribaron con el propósito de hacer fortuna y regresar. Ambos grupos étnicos carecían, tanto de origen como de propósitos. Como mercancías los esclavos no eran dueños ni de su propio cuerpo; mientras los amos concentraban la propiedad sobre los medios de producción y sobre los esclavos: un obstáculo tan inmenso para la conformación de la nación que hizo imposible, a pesar de los avances en la conciencia nacionalista, cristalizar una cultura y psicología de conciencia, pertenencia, identidad y destino comunes. Ese factor diferenciador contradice la tesis del desaparecido profesor Sergio Aguirre[2], acerca de que la nación se conformó en el período de la Guerra de los Diez Años entre 1868 y 1878.

En 1868 coincidieron los intereses de esclavos y hacendados; unos por emanciparse de la esclavitud, otros por independizarse de España. Fue un momento importante pero no concluyente. En el período de 1878 a 1895 surgieron varios intelectuales negros, como Juan Gualberto Gómez, Martín Morúa Delgado y Justo Serra, quienes desempeñaron un papel destacado en la lucha contra la discriminación racial; pero el temor a que los jefes negros ocuparan cargos en la Cámara, tanto en la Guerra de los Díez Años como en la de 1895, demuestran el largo camino que restaba por andar.

Una cosa es que la Constitución de Guáimaro de 1869 anunciara la creación de la República en Armas y otra cosa es la nación como formación sociológica emergida de la conciencia de nacionalidad, pero que pasa por la “vida económica”.

Luego en la República, la persistencia de enormes diferencias económicas y culturales entre negros y blancos, y la idea de la “inferioridad” del negro, elevada al rango de teoría por una élite intelectual prisionera de los prejuicios raciales, impidieron nuevamente que el nacionalismo desembocara en nación, como lo demostró la horrible masacre de 1912, en la que miles de cubanos negros que habían combatido en la Guerra de Independencia y cuyas aspiraciones se frustraron en la República, fueron asesinados en nombre de la “nación” por las que habían luchado.

En las décadas siguientes el debate público y las luchas cívicas permitieron algunos avances que, gracias a la presencia de diversas tendencias ideológicas en la Convención Constituyente de 1940 se refrendaron en la Constitución: el artículo 20 declaró “ilegal y punible toda discriminación por motivo de sexo, raza, color o clase, y cualquiera otra lesiva a la dignidad humana”; el artículo 87 reconoció “la existencia y legitimidad de la propiedad privada en su más amplio concepto de función social”; y el artículo 90 proscribió el latifundio. Sin embargo, el efecto de esa avanzada legislación se vio mermado en espera de la promulgación de las correspondientes leyes orgánicas y complementarias.

La Revolución de 1959 erradico la discriminación institucionalizada. Consideró que la misma era resultado de las clases sociales creó la falsa ilusión de que el problema estaba resuelto. Entonces, en ausencia de las libertades perdidas y del debate público prohibido, las diferencias reverdecieron y se manifestaron en el éxodo masivo de 1980 y 1994, y en actividades al margen de la ley para sobrevivir.

El reciente anuncio de un Programa Nacional contra el racismo y la discriminación racial en Cuba, confirma su permanencia y por tanto como obstáculo para la conformación de una nación verdadera.

Gustavo Pittaluga[3], refiriéndose al problema negro, escribió: “sin la aportación de ese grupo tan importante de la población nacional a un sentimiento colectivo de nacionalidad, no habrá una nación verdadera, porque no habrá una conciencia nacional. Conservarla dividida, o peor, acentuar la división por la discriminación racial, sería un crimen.”.

Y Jorge Mañach decía: Si hubiera que definir ahora en una sola palabra el ideal de hoy, yo diría que consiste en hacer de Cuba una entidad histórica trascendente. Con la palabra no basta: cualquier país puede ser una patria. Con la república no basta: la república no es más que una forma. Cuando una forma se ha llenado de sustancia espiritual y social, cuando se ha integrado y solidarizado cabalmente de modo que no haya vacíos ni tensiones en ella, cuando no sólo se siente vivir en sus recuerdos, sino también en su voluntad creadora de futuro, esa entidad histórica ha alcanzado la dignidad de la nación.

[1] Ernest Gellner (1983/2008), filósofo y antropólogo nacido en Praga

[2] Sergio Aguirre (1914-1993, historiador y pedagogo marxista. En Aguirre, Sergio. Eco de caminos.”De nacionalidad a nación”. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1974, pp. 421-448

[3]Gustavo Pittaluga (1878-1956), hematólogo, higienista, epidemiólogo. de origen italiano, profesor de la Universidad de La Habana que estudió y conoció a Cuba mejor que mucho más de los aquí nacidos.