José Agustín Caballero ¿Revolución o reforma?

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José Agustín Caballero ¿Revolución o reforma?

Agosto 13, 2019 - 10:13
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El padre José Agustín Caballero y de la Barrera (1762- 1835), filósofo y teólogo, hombre de conocimientos enciclopédicos, fina sensibilidad, conducta ética e ideas ilustradas, encabezó la Cátedra de Filosofía en el Seminario San Carlos y San Ambrosio y luego, hasta el final de su vida, la cátedra de Sagrada Escritura y Teología Moral.

Caballero, quien vivió y actuó durante la transición entre la factoría y la plantación azucarera, comprendió que para salir del estado de estancamiento científico y cultural en que se encontraba la colonia, había que sustituir las obsoletas formas de pensamiento y, en correspondencia, su primera gran misión consistió en crear una corriente de reflexión acorde a las necesidades de la Isla. Con ese fin fundó la Filosofía Electiva, cuyo apellido significaba la no aceptación de verdades absolutas ni sometimiento a autoridades en materia filosófica o científica. Se trataba de un “método para hallar la verdad universal y, necesariamente, las verdades particulares y singulares de sus mundos americano y cubano”[1].

Su Filosofía la identificó con el método mediante el cual el sujeto del conocimiento, pensando por sí mismo, se remonta a los principios generales, los examina, discute y extrae sus propias conclusiones, método para lo cual resultaba inútil la Escolástica (corriente teológico-filosófica del pensamiento medieval que subordinaba la fe a la razón). Con un tenaz esfuerzo fomentó una nueva forma de pensamiento dirigida a elevar a Cuba a la altura de las ideas que se estaban imponiendo en Europa.

José de la Luz y Caballero escribió que Romay “Fue el primero que habló a sus alumnos sobre experimentos y física experimental” (temas contenidos en diversas obras, como el  “Discurso sobre la Física” escrito en 1791).

El filósofo bieloruso Oleg Ternevoi, en su obra La Filosofía en Cuba, 1790-1878[2] plantea que: “ni en la lógica ni en toda su filosofía Caballero fue consecuente hasta el final, pues evitó los problemas escabrosos y orilló el materialismo y el ateísmo”. Ternevoi no  juzga a Caballero por lo que aportó, sino por lo que él considera que debió aportar, sin tomar en cuenta el momento, el espacio, las condiciones y los intereses desde que lo hizo: en la colonia, desde la iglesia, en medio de la lucha de los criollos por obtener mayor decisión y desde una clase social en formación que pujaba por obtener mayor participación en los asuntos de la colonia.

Como todo hombre que le toca ser protagonista en una época de transición, ante la opción entre la revolución y la reforma, Caballero optó por la segunda. Su gran valor radica en que, formado en la escolástica inició su negación mediante la reforma. Su grandeza radica precisamente en haber hecho lo que hizo desde la misma Escolástica, mucho antes del surgimiento del marxismo. La crítica de Ternevoi, fuera de contexto, se sustenta en los presupuestos de la filosofía marxista como rasero de lo que debe y no debe ser.

El propósito de Caballero fue crear un método de conocimiento para promover el desarrollo científico y social que cumplió cabalidad. Fue, por su acción reformadora, el último escolástico cubano del siglo XVIII y el primer filósofo del siglo XIX. Sin su labor resulta incomprensible la de aquel otro grande, que fue el padre Félix Varela, quien inició una revolución filosófica en la Isla sustentado en los  cimientos que fundió Caballero.

En materia educativa la supresión del latín, la implementación del estudio del español en las escuelas, la generalización de la enseñanza primaria gratuita y la impartición de enseñanza a las mujeres, entre otras acciones forman parte de la reforma educacional que promovió, cuya constancia está en trabajos como:  Educación de los hijos” (1791); “Pensamientos sobre los medios violentos de que se valen los maestros para educar” (1792); “Ordenanzas para las escuelas gratuitas de La Habana” (1794); “Discurso sobre la reforma de estudios universitarios” (1795); “Discurso sobre la educación de las mujeres” (1802) y el discurso pronunciado en la Sociedad Patriótica en defensa de la enseñanza en la lengua materna. 

En Derecho elaboró el primero proyecto de gobierno autonómico para la Isla de Cuba. En su época el grado de autonomía en asuntos políticos, económicos y comerciales, alcanzados por los criollos, recibieron un fuerte impacto con la ocupación de La Habana por Inglaterra. En ese contexto, Caballero concibió y preparó un proyecto inspirado en el derecho público inglés dirigido a consolidar el proyecto de reformas para continuar la modificación del sistema colonial en correspondencia con los intereses de la clase social naciente.

Además de la ciencia y la educación su actividad se extendió a otras instituciones de la época, entre ellas a la Sociedad Patriótica,calificada por José Martí como la más alta mentora de las sociedades cubanas. Caballero también  realizó innumerables aportes, ideas y proyectos publicados en las páginas del Papel Periódico de La Habana.

Caballero, sin acudir a las revoluciones, desarrolló una gran obra reformadora que constituye una de las  piedras fundacionales de nuestra nacionalidad. En su labor de formación de la juventud, desplegada desde el Seminario San Carlos, se hizo cargo de la educación de su sobrino José de la Luz y Caballero. Si sus aportes se hubieran limitado a esto último, de todas formas, le correspondería un lugar destacado en la historia de Cuba.

Su fecunda vida, salvando las lógicas diferencias entre épocas y condiciones, contienen un manantial de experiencias aprovechables en el presente.

Milano, 8 de agosto de 2019

[1] E. TORRES-CUEVAS. Historia del pensamiento cubano. Vol I, Tomo I, p.210

[2]. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1981.